Muchas manos facilitan el trabajo, y lo mismo ocurre con los buenos propósitos. Sobre todo cuando se trata de cambios importantes, es agradable contar con el apoyo de tu pareja, amigos y compañeros. Además, puedes pedir ayuda a personas que han llevado a cabo sus propósitos con éxito. Aprende de su experiencia para no tener que reinventar la rueda.
Sé lo más concreto posible
Muchos propósitos se derrumban antes de que acabe enero porque son demasiado vagos. "Voy a moverme más" suena bien y desde luego es útil, pero ¿qué entiendes exactamente por eso? ¿Te vas a apuntar al gimnasio o vas a ir al trabajo en bicicleta? Cuanto más claramente formules el propósito, más fácil será alcanzarlo. Por ejemplo: "Todos los miércoles y viernes por la tarde juego al tenis con mi padre."
Fíjate metas realistas
Es tentador arrancar a toda máquina el nuevo año, pero entonces hay muchas probabilidades de que acabes tirando la toalla igualmente. Empieza entonces con objetivos claros, pero alcanzables. En lugar de: "Ya no como chocolate", puedes empezar con: "Solo como un chocolatito por la noche con el café." A partir de ahí puedes ir ajustando tu objetivo poco a poco. Date tiempo.
Hazlo divertido para ti
Los propósitos son una buena manera de trabajar en ti mismo, pero asegúrate de hacerlo porque realmente lo quieres tú. Tu motivación no durará mucho bajo obligación. Lo mismo ocurre si tienes que hacer algo que no te gusta en absoluto. Intenta vincular actividades o aficiones agradables a tu propósito, por ejemplo: "escucho mis podcasts favoritos mientras hago deporte."

No seas demasiado estricto
A pesar de la mejor voluntad del mundo, de todas formas has cogido una croqueta en la cantina o no te has animado a hacer deporte por la noche. En lugar de abandonar tu propósito, es sensato darte un poco de margen para equivocarte una o dos veces. Gracias a ese margen tendrás más motivación para hacerlo bien la próxima vez.
Introduce un castigo
Suena más dramático de lo que es en realidad, pero puede ser un motivador más fuerte que premiarte cada vez. Puedes por ejemplo designar a alguien para que controle regularmente tu progreso. No te castigues, por cierto, por los resultados obtenidos, sino por el comportamiento no deseado. Ejemplos de castigos son: donar a una buena causa o invitar a una ronda en una noche concurrida en tu bar habitual.